Que curioso como surgen las historias. No me refiero a cualquier tipo de historia sino a las que realmente cuentan. Esas que son como bisagras en la vida de las personas. A esas me refiero, esas guachas que son tan difíciles de hallar.
Llegan, por lo general, cuando uno está con la guardia baja, espera...ndo lo de siempre, un chicle sin sabor, una sopita tibia, un bolo predecible como la cara aburrida de Pipo Mancera, y no una trompada en la mandíbula que nos dejará grogui babeando en la lona.
Para mi, que me aficioné a cazarlas, siempre fueron un placer indescriptible, como un muerto de frío cuando oye un crepitar de ramitas ardiendo. Frente a una buena historia, mi mente se mueve hacia un lugar extraño, raramente accesible. Un fogonazo en pleno día tan intenso que desdobla las sombras y hace que los objetos muestren su verdadero rostro por unos instantes.
Así me siento, como un explorador que ha encontrado una pieza única, frágil y mágica al mismo tiempo. Después está el otro lado, el lado del azar, porque claro, que alguien te elija a vos y no a otro, que te destinen como recipiente, decime si eso no es un privilegio. No digo que uno no tenga sus méritos. Uno, por supuesto, los tiene. Uno es todo oídos, literalmente, porque saber escuchar es un arte. No hablo de ser un receptor pasivo. Que pasivo ni que mierda. Para que una historia nazca, hay que saber escucharla. A veces hay que alentarla desde el lado del silencio, otras, con poquitas palabras bien elegidas, casi susurros, casi conjuros. Porque las historias pueden ser tímidas, se asoman como un ciervo y luego corren a esconderse. A veces, arrancan con fuerza y se van apagando, en lugar de desencadenarse se mueren en la boca de quien las cuenta.
Yo creo que es la propia memoria quien se opone a que fluyan, las acalla como un carcelero, traicionando y enredando a sus interlocutores. No siempre, pero hay ocasiones en que la memoria no quiere que las historias circulen. Porque la memoria sabe que si la historia es buena, una vez que se cuente correrá como un reguero de pólvora, dejará de pertenecerle, será de otros y se irá esfumando, de boca en boca y de memoria en memoria, los detalles valiosos serán retorcidos sin piedad, lo trivial envilecerá lo glorioso, y finalmente, esa verdad de cuento de hadas, será como si nunca hubiera existido.
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